Madrileño del barrio de Tetuán, habría estudiado Historia pero le dio por crear empresas mientras estudiaba Periodismo. Con 27 años, Victor Rodado Frutos ya lleva 4 por el camino. La última aventura es Upplication, que permite crear a las pymes su propia app por menos de diez euros. Hablamos con él de éxitos, fracasos y de los vaivenes de una startup.

Upplication permite crear a las empresas su propia app, ¿cómo surgió la empresa? 
Un día, escribiendo en un blog ví  la tendencia creciente del móvil y su protagonismo. Así surgió. Hablé con otro socio (Jose Luis Vega de Seoane)  y empezamos a darle forma a la idea. Buscamos ronda, oficina, equipo, lanzamos el producto y hasta ahora.

¿Es difícil convencer a las Pymes para que se creen su propia app?
Existen 3 tipos de usuarios: el enamorado de la tecnología que la ve como un puente de mejora; el que lo ve pero de lejos, con pereza, y después, el tercero, el negado. En los tres casos es muy complicado. Hemos hecho la cuadratura del círculo: hemos creado una tecnología muy fácil de usar. Sólo necesitas la url de Facebook con tu información. También hemos creado un servicio pre y post venta muy potente, y por último, es un producto que tiene poco coste.

Cada vez hay más información y saturación sobre apps, ¿hay burbuja o es la forma de comunicación por parte de las startups lo que falla? 
El mundo de las apps ha crecido en paralelo al de la telefonía móvil. En 2007 no existía ningún Iphone y ahora es todo lo contrario. No creo que haya burbuja o boom. Se confunde burbuja con crecimiento rápido. En mi opinión queda mucho por hacer en el mundo de las apps. Hay sobre información o infoxicación al igual que en redes sociales. El usuario va madurando y aprende a decir no.  Muchos me preguntan ¿me tengo que descargar la app de cada restaurante o gimnasio al que voy? No, al final todos vamos a los mismos sitios en nuestro día a día. La tecnología está para solucionarnos la vida, para hacerla más fácil.

 “Hay infoxicación sobre la apps pero el usuario madura y aprende a decir no”

Desde el inicio de Upplication  habéis vivido momentos un poco sensibles. Por ejemplo, las rondas de inversores ¿cómo lleva el equipo el estrés en estas situaciones?
Yo lo llevo bien porque lo tengo asumido. En una startup es muy normal que haya rotaciones en los primeros equipos que montas. Las expectativas no siempre se cumplen, no hay dinero, el equipo se siente engañado… se soluciona fichando muy bien al equipo e intentado no general falsas expectativas. Ahora mismo el equipo es brutal, somos una familia, vamos todos en la misma dirección. Me parece que lo importante es ser justo con el resto de personas.

En mayo de 2014 pasasteis un momento difícil. Lo tenías todo pero no vendías y entonces, surgió el concepto de “venta no comercial” ¿qué es?
Vender es muy complicado. Ves la conversiones que tiene Amazon o Inditex en ventas… o que Telefónica esté pensando en quitar su e-commerce porque no venden… te planteas mucho. La desesperación por vender hace que se te ocurran cosas que nunca te habrías planteado. Se nos ocurrió la idea de “comercial encubierto” o no comercial: al cliente le adjudicamos un tutor personal que le guía en todo. El cliente no te ve como una empresa sin más, confía. En cuanto lo implantamos, multiplicamos las métricas y crecimos muchísimo.

Además de los clientes, está la difusión en medios de comunicación, ¿qué es más difícil, conseguir un inversor o que un periodista te coja el teléfono? 
Wow… es complicado responder. Es más difícil el inversor porque soy periodista y sé qué le mueve, qué necesita decir a su jefe para justificar la noticia. Al periodista hay que darle historias y al inversor, números.  Siempre se me han dado mejor las historias que los números. Ahora estamos en pleno lanzamiento de la segunda versión de Upplication y es complicado.

Habéis pasado por diferentes proyectos con ONO, Vodafone y Telefónica en poco tiempo ¿cómo os enfrentáis al cambio? 
Una persona que trabaja en una startup es alguien que no puede estar 20 años trabajando en la misma empresa. Cuando llegan los cambios, nos adaptamos pero lo peor son los cambios en las empresas grandes, como cuando Vodafone compró ONO. Algunos cambios de última hora suponen un esfuerzo enorme para nosotros. Es un tema de azar, de suerte y se lleva mal pero es lo que hay.

La experiencia en Wayra fue positiva por el coworking ¿qué sacas de aquello?
En un coworking estás rodeado de personas que tienen los mismos problemas que tú y te hacen salir de tu burbuja. Al equipo también le pasa, hay que decirle lo bueno y lo malo porque se crea una idea que no es la real. En una startup hay dos imágenes, la que pasa dentro y la que pasa fuera. Además Wayra nos dio un toque de profesionalidad brutal. Nosotros pasamos como un Tiranosaurus Rex, comimos lo que nos hacía falta para sobrevivir pero no siempre ocurre, algunas se quedan por el camino.

           

 “Por Wayra pasamos como un Tiranosaurus Rex.
Comimos lo necesario para sobrevivir”

Desde la universidad has montado distintos proyectos con compañeros pero parece una excepción ¿Emprendedor y Universidad española no encajan?
No, ni van a encajar hasta que no se hagan cambios profundos. Soy muy crítico. La universidad pública española es un lugar por el que pasas 3,4 o 5 años sin estar en contacto con la empresa, al menos en algunas áreas. No sé por qué no están conectados. No preparan para trabajar en empresas. Se tiene que solucionar antes o después, me gustaría que la gente que ficho de tercero o cuarto de carrera supieran ya de métricas o de posicionamiento web.

Eres licenciado en Periodismo pero has tenido que aprender todo tipo de conceptos y estrategias. Eres autodidacta.
Más que autodidacta soy de los que tiene que aprender porque no le queda más remedio. Tengo una startup con un modelo de negocio muy definido en el que o entiendes muy bien qué métricas tiene y cómo funciona o lo tienes jodido. Cuando tienes una empresa no te queda otra que aprender cosas. Leo muchos blogs, escucho muchos podcasts, videos… y luego quedo con mucha gente para valorar y compartir conocimiento. Soy muy fan de la generosidad, del win-win, algo que en Estados Unidos o Inglaterra está asumido, crearse una red de networking para ayudarse mutuamente. Aquí no.

Echando la vista atrás, ¿elegirías de nuevo Periodismo o estudiarías empresariales? 
Haría lo mismo porque es lo que me ha despertado la vocación. Pero haría otra cosa, estudiaría Historia… pero montaría empresas igualmente. (risas)

“El fracaso es obvio, un ingrediente más.
El fracaso es la clave, si no, no tiene gracia”

¿Consideras que has tenido éxito?
No creo que haya tenido mucho éxito… (risas) me he movido mucho y me gusta aprender pero creo que cualquier persona en mi misma situación habría hecho lo mismo que yo. Para mi el éxito es la meta que se ponga cada uno. Es ayudar a mucha gente, a empresas a ganar dinero, a ser más felices y tener un equipo fantástico.

¿Y dónde queda el fracaso? 
Es como el que se pide una hamburguesa de ternera y no quiere ternera. El fracaso es obvio cuando montas una empresa, es un ingrediente más. Hay dos tipos de fracasos: los que te matan y los que te hacen más fuerte.  A mi aún no me han matado. El fracaso es totalmente necesario, incluso los personales: te deja la novia, te llaman los amigos y no tienes tiempo, tu madre te pregunta qué estás haciendo con tu vida… el fracaso es la clave, si no no tiene gracia.

Fuera de la oficina, ¿qué haces para desconectar?
Me gusta ir Campus Madrid, porque respiras ideas, gente currando, sin corbatas… así me motivo más para trabajar porque soy muy competitivo. Para desconectar y no pensar en nada, voy a un bar en Malasaña, al Bar Prado, un sitio muy poco común, algo cutre, nada castizo pero es muy divertido.

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